No sabían en qué ciudad terminaría esta jornada, sólo sabían que el Espíritu Santo les había prometido que los guiaría en cada paso.
EI joven tenía una pequeña familia de tres hijos; dos hijos y una hija. Él y su esposa habían estado hablando con otra pareja de la visión que ambos tenían de ir a trabajar en la obra del Señor en el país de México. No conocían este país, ni su idioma y mucho menos su cultura. Sólo los movía una pasión por predicar el evangelio y de cumplir con la gran comisión: "Id y predicad el evangelio a toda criatura". Los movía el amor de Dios y se sentían especialmente atraídos a México.
Un día tuvieron una dirección específica de parte del Espíritu Santo: Saldrían de los Estados Unidos rumbo a un lugar desconocido que el Señor les mostraría conforme avanzaran. No sabían en qué ciudad terminaría esta jornada, sólo sabían que el Espíritu Santo les había prometido que los guiaría en cada paso. Teniendo esa promesa, ambas familias empacaron sus maletas, subieron a sus pequeños hijos al auto y emprendieron la aventura.
Las instrucciones que habían recibido era de orara en cada ciudad adonde llegaran y el Señor les daría la indicación de quedarse o no.
Habiendo llegado a la primera ciudad, Monterrey, se detuvieron y por un espacio de varios días se pasearon por las calles orando y pidiendo al Señor si este era el lugar donde habrían de quedarse.
Tuvieron la respuesta dentro de un par de días: "No". Se propusieron a seguir la marcha hasta que llegaron a la siguiente ciudad, Saltillo. De igual manera, se detuvieron y preguntaron si este era el sitio. De nuevo, después de un par de días, la respuesta llegó: "no es esta ciudad". Volvieron a emprender el camino rumbo al sur, cada vez más adentrándose al país de México, hasta llegar a la ciudad de Torreón. Se detuvieron y consultaron al Señor. De nuevo, sintieron la contestación: "No. Tampoco es este lugar".
Obedientes, siguieron su rumbo hasta llegar al siguiente lugar que se llama Durango. Aun antes de entrar a la ciudad, tuvieron su respuesta por parte del Señor: "Este es el lugar adonde los he llamado".
EI joven de quienes les estoy hablando es mi abuelo, David Witt. Él y su esposa, Reba fueron los primeros Witt en llegar a la ciudad de Durango hace muchos años. Me impresiona ese andar por fe que mostraron mis abuelos. Me desafía que en muchas ocasiones no he tenido la misma clase de fe y obediencia a lo que he sentido ser la voz del Espíritu Santo. Me pregunto: "¿Habré perdido oportunidades grandes que el Señor ha preparado sólo porque no he estado dispuesto a pagar un precio de obediencia?" Buena pregunta. Es una que le hago ahora a usted. ¿Cuántas veces ha tenido un sentir o una dirección del Señor, pero no la atendemos porque involucra un riesgo alto o un precio que no estamos dispuestos a pagar?
No me cabe la menor duda que una de las directivas del Espíritu Santo para nuestros tiempos se resume en la palabra "movilización". Él está acelerando la obra en estos últimos tiempos. Creo que está en busca de hombres y mujeres que estén dispuestos a arriesgar todo para obedecer Su dirección. ¿Seremos esa clase de persona, usted y yo? Espero que sí. Vivimos en un tiempo donde no debemos estar contando nuestros pesitos para saber si debemos o no hacer lo que el Señor nos está pidiendo, sino que estamos haciendo historia en un momento donde todo nos la debemos jugar para la evangelización global. "Este evangelio SERÁ predicado a todas las naciones y entonces vendrá el fin".
¡EMPAQUE SUS MALETAS Y EMPRENDA EL VIAJE!
Tomado con permiso de la revista Enfoque año 7 numero 19
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