Joni Eareckson Tada habla de la enfermedad. La mayoría de los cristianos conocen su historia, y se han familiarizado con ella mediante sus libros, pinturas, música y conferencias. Hace más de veinticinco años, Joni se lanzó en un clavado en aguas poco profundas y se rompió el cuello.
El accidente la dejó cuadripléjica. Desde entonces, Dios la ha usado tremendamente para ministrar a los inválidos. Pero la mayoría de la gente no ve a la Joni de todos los días, no comprende su lucha para hacer las cosas ordinarias de la vida, tales como bañarse o comer. Solamente ven en ella a la superestrella. A través de estas reflexiones, Joni Eareckson revela lo que ha aprendido sobre la sanidad y el propósito de Dios al someternos a diversas pruebas.
“Obviamente, apenas con una observación casual de nuestro mundo podemos ver que no es la voluntad de Dios que todas las personas sanen, porque no toda la gente se sana. El hombre no puede resistir la voluntad del Señor, y si fuese el propósito, el designio y la voluntad de El que todos los hombres se sanasen, nada podría detenerlo. Veríamos evidencias en nuestro entorno; pero no las vemos”.
“Las personas, además de tener un punto de vista en cuanto al reino de Dios y una hermenéutica incorrectas, tienden a extraer ciertas porciones de las Escrituras, fragmentos de versículos de aquí y allá que hablan de la fe, y basar toda su teología en ella”.
“Yo veo la fe meramente como un vehículo por medio del cual la gracia de Dios obra. Otros tal vez ven la fe como el mazo que nosotros sostenemos sobre la cabeza de Dios, o la cuerda que tenemos que tirar para que Dios obre. En mi opinión esto no parece ser fe; parece ser presunción. Casi hace a Dios un títere”.
“Su propósito al redimirnos es conformarnos a la imagen de Cristo, y a menudo nos olvidamos de eso”.
“Por largo tiempo no pude comprender por qué mis manos y mis pernas no recibían el mensaje que mi cerebro les enviaba. Mi corazón y mi mente decían: ‘Cuerpo, ¡estás sano’ Quería asegurarme de que creía, con C mayúscula. El punto central era mi fe. ¡Realmente creía! Y sin embargo, mis manos y mis pies no respondían a lo que yo sabía que era verdad. Entonces empecé a ver que, o bien Dios estaba jugándome alguna broma cruel y monstruosa y yo era víctima de alguna comedia divina, o mi perspectiva de las Escrituras estaba errada”.
“Llegué a la conclusión de que el problema debía estar en mí, pero sabía que no era mi fe, puesto que creía muy intensamente. Fue entonces cuando empecé a mirar en retrospectiva hasta el jardín del Edén, a la raíz misma del sufrimiento, la enfermedad, la dolencia, las lesiones y la muerte. Vi que la enfermedad empezó con el pecado”.
“Era muy lógico que el sufrimiento fuese parte de la esencia de la redención divina de la humanidad. E incluso, después de la salvación, se suponía que el dolor debía encajar en la esencia de la historia redentora. Cuando Jesús vino para tratar con el pecado y sus resultados, puso en movimiento el proceso y empezó a invertir los efectos del éste y todos los resultados. Al hacerlo así estaba apenas colocando el cimiento. El mundo todavía sigue caído; y la gente aún muere; todavía hay catástrofes naturales y las personas se enferman, y seguirá así hasta que Él venga”.
“Es por eso que no me importa estar confinada a una silla de ruedas y soportar todo este sufrimiento. Si eso quiere decir que más personas pueden encontrar entrada al reino de Dios, que más gente puede llegar a ser parte de su familia, todo esto tiene significado. Sufrir sin razón es sufrir para nada. Eso sí sería doloroso.
“Jamás me he resignado a que nunca me voy a curar. He abierto toda puerta. La he dejado abierta. Pero es responsabilidad de Dios; no es mía ya. Si tengo una perspectiva apropiada de las Escrituras y una perspectiva muy alta de Dios, entonces todo está a su discreción”.
“Emocionalmente no voy a estar feliz de estar en cama por tres meses, pero eso no ha alterado mi visión de Dios. La depresión por la que atravieso es simplemente propia de lo que quiere decir ser humana. Sin embargo, la desesperanza no es necesaria para el cristiano por cuanto tenemos esperanza: La esperanza de que Cristo establecerá un nuevo orden de cosas”.
“Si permito que esas emociones alteren mi perspectiva de Dios, entonces sería pecado. Pero no es pecado si mi perspectiva de Dios no ha cambiado”.
“La gente tiene mucha dificultad para convencerse de que cuando Jesús dijo: ‘Tu fe te ha salvado’ (como en Mr.10:52, por ejemplo), estaba realmente hablando de la salvación. Creo que realmente así era; la sanidad fue meramente una evidencia de ser sanado espiritualmente. Pero la gente todavía cree que es cuestión de ejercer fe, creen que aquellas porciones de las Escrituras colocan toda la responsabilidad sobre ellos”.
“Tal vez es en la providencia de Dios que ellos están lastimosamente equivocados para que puedan sentirse acicateados a dar un vistazo más de cerca de las Escrituras”.
Usado con permiso de la revista IPI, AÑO 7 N° 36. Copyright Piedra Angular Comunicaciones, S.A. de C.V.